domingo, 21 de septiembre de 2014

Luis Cernuda

Qué mejor día que hoy, aniversario del nacimiento del poeta Luis Cernuda (Sevilla, 21 de septiembre de 1902-México D.F., 5 de noviembre de 1963), para poner aquí algunas impresiones de lectura de una de las novedades bibliográficas que dejó la conmemoración en 2013 de los cincuenta años de su muerte. De aquel recuerdo, materializado en unas jornadas organizadas en abril de ese año en la Universidad de Extremadura, este volumen, coordinado por Mario Martín Gijón y José Antonio Llera, Luis Cernuda. Perspectivas europeas y del exilio (Madrid, Ediciones Xorki, 2014), cuyos editores han dedicado a la memoria de Gregorio Torres Nebrera, uno de sus participantes, con un trabajo sobre la figura del resucitado Lázaro en la poesía de Cernuda y de Guillén, el último de la tercera sección («Temas, tópicos, mitos») de un total de siete, que tratan, además, aspectos como la recepción de la obra cernudiana, Cernuda ante el romanticismo, «Confluencias e intertextualidades», «Lenguajes artísticos comparados», el exilio o «La enunciación lírica»; epígrafes que organizan un conjunto de veintidós ensayos. Pude escuchar en su momento algunas de las intervenciones en el coloquio, desde la ponencia inaugural de James Valender («Luis Cernuda, Stanley Richardson y la poesía inglesa»), hasta diversas comunicaciones que se presentaron en las diferentes salas y sedes. La publicación ahora evidencia que no está todo lo que fue, pues falta más de media docena de las contribuciones; y los editores no aluden a los criterios que se han aplicado para trasvasar lo dicho al papel. No importa, porque lo que hay es un volumen muy completo que, entre análisis específicos de poemas (el ya citado de Torres, el de Gabriel Insausti, el de José Antonio Llera...) y análisis de libros (el caso de Un río, un amor en el trabajo de Gina Maria Schneider, o el de Ocnos en el de Mario Martín Gijón), junto a otros asedios de varia índole y dispares aportaciones, constituye la más recomendable actualización de los estudios sobre Luis Cernuda y su obra. Baste con destacar algunos otros capítulos: «Luis Cernuda romántico», por Serge Salaün; «De Sevilla a Cuernavaca: un jardín de Luis Cernuda», por Bernard Sicot; o «Luis Cernuda y Manuel Álvarez Ortega», por Eduardo Moga... Un admirable recuerdo doblemente conmemorativo en un día como hoy, dedicado a uno de los más grandes poetas españoles del siglo XX.

martes, 1 de julio de 2014

Primer día de julio


He tenido examen a las ocho de la mañana. Aula 20. Si el año pasado por estas fechas había alumnos que sufrían ahogos por la tensión y la temperatura, y otros que se situaban en la bancada al lado de un enchufe de la pared —para conectar un ventilador—, este, en el que precisamente se ha cambiado todo el horario para evitar las horas de más calor, ha habido alumnas con tirantas que se han quejado del frío en las aulas. Me consta. En mi aula no. Bueno, sí. Además, he de decir que me alegro de tener que examinar a alumnos ajenos, de promociones lejanas, heredados de otro profesor que los tuvo y sostuvo, para que ahora —de eso me alegro— sea yo el responsable último de que se licencien. No es lo mismo —o sí— estampar en un acta un aprobado o un notable que hacerlo cuando sabes que eso significa un título —una vez que se paguen las tasas. Ay, el Espacio Europeo de Educación Superior... Estocolmo a las cuatro de la tarde un día de mediados de julio y Cáceres a la misma hora en el mismo tiempo. Por cierto, en el mismo tiempo en que todos han terminado sus exámenes y tribunales. Pregunto fuera de España y mis colegas llevan ya dedicados a su formación en el extranjero —España— varias semanas. Pregunto en España y en casi todas las universidades han terminado con sus obligaciones docentes y andan en cursos y seminarios. Pregunto aquí y alguno cercano de mi calle me dice que desde cuándo no tenemos ya tres meses de vacaciones. Pobre, no tiene luces. Hasta el 18 de julio —de violenta e infeliz memoria— tenemos que demostrar que somos  cumplidores. Solo algunos; pues los que no cumplen y son excelentes ya pueden tomarse vacaciones. Con razón, pues dicen los jefes que pueden tomarlas. Aquí la excelencia se mide por el número de cursillos de formación, las comisiones de calidad a las que uno pertenece y un calendario que nos dignifique. O lo que es lo mismo, empezar las clases antes que los niños de Educación Primaria. ¡Ay!

lunes, 16 de junio de 2014

martes, 3 de junio de 2014

Papel prohibido


Es el nombre de la exposición que el Servicio de Biblioteca, Archivos y Documentación de la Universidad de Extremadura ha organizado para las dos sedes de su Biblioteca Central, desde el 2 al 13 de junio en Cáceres, y desde el 6 al 17 de octubre en Badajoz. Papel prohibido. Un recorrido bibliográfico por algunos libros prohibidos o censurados va acompañada de la edición de un catálogo —como viene siendo habitual en las muestras del Servicio— de las cuarenta y cinco piezas expuestas, y este va precedido de una introducción, «Censura que algo queda: de curas, barberos y otros guardianes», escrita por mi compañero Enrique Santos Unamuno, que dedica sus páginas a la memoria de otro colega, Gregorio Torres Nebrera. Son las palabras de Enrique Santos un recorrido ameno por los principales títulos de la exposición, desde la Odisea o la versión de fray Luis del Cantar de Cantares hasta La naranja mecánica o Un mundo feliz, obras que sufrieron «la censura represiva y alopática»; y también son en su párrafo final una queja ante un estado de las cosas —de la universidad española— decepcionante, una protesta que puede provocar en más de uno unas ganas irrefrenables de censurar. Véase: «Hoy día, el paradigma orwelliano de la universidad franquista, con sus listas de disciplinas aconsejables o peligrosas, sigue proponiendo un especial tipo de censura en muchos departamentos y ateneos humanísticos españoles, algunos de cuyos miembros sólo piensan en términos de cotas de poder, negociando con créditos a cambio de prebendas, hipotecando el futuro de las facultades en nombre de postulados epistemológicos que desconocen y causando un daño casi irreparable a la necesaria modernización e internacionalización de la universidad española. Por otro lado, el mundo (no tan) feliz de Huxley domina desde hace ya tiempo la burbuja de indicadores y baremos de calidad impuestos al mundo universitario por una vulgata psicopedagógica que parece a veces confundir el nombre y la cosa.» Imprimatur. Vidit: Lama, Lector.