viernes, 10 de abril de 2009

Viernes Santo


© Manuscrito de La Regenta, con ilustraciones del autor. Archivo Tolivar Alas. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Nota bene: Hemos comentado en clase este comienzo de la novela que ahora podéis ver tal y como fue escrito.

“También Ana miró al cielo muy de mañana, y sin poder remediarlo pensó ¡si lloviera! Lo deseaba y le remordía la conciencia de este deseo. Estaba asustada de su propia obra. «Yo soy una loca -pensaba- tomo resoluciones extremas en los momentos de la exaltación y después tengo que cumplirlas cuando el ánimo decaído, casi inerte, no tiene fuerza para querer». Recordaba que de rodillas ante el Magistral le había ofrecido aquel sacrificio, aquella prueba pública y solemne de su adhesión a él, al perseguido, al calumniado. Se le había ocurrido aquella tremenda traza de mortificación propia en la novena de los Dolores, oyendo el Stabat Mater de Rossini, figurándose con calenturienta fantasía la escena del Calvario, viendo a María a los pies de su hijo, dum pendebat filius, como decía la letra. Había recordado, como por inspiración, que ella había visto en Zaragoza a una mujer vestida de Nazareno, caminar descalza detrás de la urna de cristal que encerraba la imagen supina del Señor, y sin pensarlo más, había resuelto, se había jurado a sí misma caminar así, a la vista del pueblo entero, por todas las calles de Vetusta detrás de Jesús muerto, cerca de aquel Magistral que padecía también muerte de cruz, calumniado, despreciado por todos... y hasta por ella misma... Y ya no había remedio, don Fermín, después de una oposición no muy obstinada, había accedido y aceptaba la prueba de fidelidad espiritual de Ana; doña Petronila, a quien ya no miraba como tercera repugnante de aventuras sacrílegas, se había ofrecido a preparar el traje y todos los pormenores del sacrificio... «¡Y ahora, cuando era llegado el día, cuando se acercaba la hora, se le ocurría a ella dudar, temer, desear que se abrieran las cataratas del cielo y se inundara el mundo para evitar el trance de la procesión!».

Ana pensaba también en su Quintanar. Todo aquello era por él, cierto; era preciso agarrarse a la piedad para conservar el honor, pero ¿no había otra manera de ser piadosa? ¿No había sido un arrebato de locura aquella promesa? ¿No iba a estar en ridículo aquel marido que tenía que ver a su esposa descalza, vestida de morado, pisando el lodo de todas las calles de la Encimada, dándose en espectáculo a la malicia, a la envidia, a todos los pecados capitales, que contemplarían desde aceras y balcones aquel cuadro vivo que ella iba a representar? Buscaba Ana el fuego del entusiasmo, el frenesí de la abnegación que hacía ocho días, en la iglesia, oyendo música, le habían sugerido aquel proyecto; pero el entusiasmo, el frenesí, no volvían; ni la fe siquiera la acompañaba. El miedo a los ojos de Vetusta, a la malicia boquiabierta, la dominaba por completo; ya no creía, ni dejaba de creer; no pensaba ni en Dios, ni en Cristo, ni en María, ni siquiera en la eficacia de su sacrificio para restaurar la fama del Magistral: no pensaba más que en el escándalo de aquella exhibición. «Sí, escándalo era; la mujer de su casa, la esposa honesta, protestaba dentro de Ana contra el espectáculo próximo... No, no estaba segura de que su abnegación fuese buena siquiera; acaso era una desfachatez; la paz de su casa, el recato del hogar, lo decían con silencio solemne...» y Ana sudaba de congoja... «¡Lo que había prometido!».

No llovió. El toldo gris del cielo continuó echado sobre el pueblo todo el día. Una hora antes de obscurecer salió la procesión del Entierro de la iglesia de San Isidro.”

(La Regenta, capítulo XXVI)

lunes, 6 de abril de 2009

Para 'El cuarto de atrás'

Como tenemos programada esta espléndida lectura para el final del curso, dejo aquí este enlace al comentario de un sabio y buen profesor de literatura, y escritor de libros de poemas que ojalá algún día caigan en vuestras manos. Es Santos Domínguez quien os habla de la lectura de Carmen Martín Gaite.

miércoles, 1 de abril de 2009

Emilia Pardo Bazán y su Fray Luis



En el capítulo XXII de La madre Naturaleza, Gabriel Pardo, que no puede conciliar el sueño, toma un ejemplar de esta edición del Cantar de los Cantares, con la traducción, claro, y los comentarios de Fray Luis de León.
"Al lado de la portada se veía, en un grabado en madera, la faz pensativa y melancólica, la espaciosa y abovedada frente del Maestro León; debajo un emblema, un árbol con el hacha al pie y la leyenda siguiente: ab ipso ferro. La polilla se había ensañado en el volumen, recortando caprichosos calados al través de las hojas."
El relato del instante gozoso de disfrute con la lectura es impagable, y capital en importancia su significación para el sentido de esta espléndida novela de la Pardo Bazán.

jueves, 12 de marzo de 2009

Siempre Valle

Hoy he llevado a clase un ejemplar prestado de uno de los esperpentos que estamos analizando en clase. Es el último de la trilogía de Martes de Carnaval, y se publicó suelto en la colección de 'La Novela Mundial', que es la edición que he llevado a clase y que me ha prestado mi colega Isabel Román. Ella explica en sus clases el teatro de Valle enseñando estas cosas y más documentos. Me ha prometido dejarme algo más para que lo enseñe yo en las mías.
Hoy Valle ha provocado algunas sonrisas gustosas en clase. Siempre pasa. Siempre Valle.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Niebla

Siempre hay motivos para la reflexión entusiasmada cuando tratamos en clase Niebla de Unamuno. Deambulamos por la nebulosa realidad textual de la obra y reparamos en tantas incógnitas...
En una de las referencias bibliográficas que he citado esta mañana y que copio abajo está esta cita de "Leyendo a Flaubert", de Contra esto y aquello:

"Él, Flaubert mismo, decía que el autor debe estar en sus obras como Dios en el universo, presente en todas partes, pero en ninguna de ellas visible. Hay, sin embargo, quienes aseguran ver a Dios en sus obras. Y yo aseguro ver a Flaubert, al Flaubert de la correspondencia íntima, en muchos personajes de sus obras.
Sólo en obras de autores mediocres no se nota la personalidad de ellos, pero es porque no la tienen. El que la tiena la pone dondequiera que ponga la mano, y acaso más cuanto más quiera velarse. A Flaubert se le ve en sus obras" […]

Ver Bénédicte Vauthier, 'Niebla' de Miguel de Unamuno: a favor de Cervantes, en contra de los "cervantófilos". Estudio de narratología estilística. Bern, Peter Lang, 1999, pág. 115.

martes, 13 de enero de 2009

Cartografía galdosiana (I)

Como hoy, para recibir el año, hemos empezado trazando la desmesura de la obra literaria de don Benito Pérez Galdós, pongo aquí el principio de ese largo listado de cuarenta y seis novelas o episodios en el que tenemos que comprender La Corte de Carlos IV, que vamos a tratar en clase en estos días.

Episodios Nacionales
Primera serie (1873-1875):

Trafalgar (Enero-febrero 1873)
La Corte de Carlos IV (Marzo-abril 1873)
El 19 de marzo y el 2 de mayo (Octubre-noviembre 1873)
Bailén (Octubre-noviembre de 1873)
Napoleón en Chamartín (Enero 1874)
Zaragoza (Abril 1874)
Gerona (Junio 1874)
Cádiz (Septiembre-octubre 1874)
Juan Martín ‘El Empecinado’ (Diciembre 1874)
La batalla de los Arapiles (Febrero-marzo 1875)

miércoles, 7 de enero de 2009

El Doctor Centeno

Sin haber salido esta edición, me aventuré a incluirla, junto a otras, en el programa oficial de la asignatura de Literatura Española Siglo XIX, y ahora puedo anunciarla, como hice en clase antes de las vacaciones de Navidad. Son cuatrocientas páginas de novela introducidas por casi cien de una aproximación a ella, a sus caracteres, a su contexto, a su naturalismo a la española, e incluso a aspectos tan queridos como lo referido al manuscrito —se incluye foto en el libro— que ilumina mi compañera y amiga Isabel Román Román, a quien esperamos dentro de unos días para que nos hable de esta formidable manera de editar a Galdós.
No despreciéis la letra pequeña, las notas, que son manantiales para conocer más sobre Galdós y su tiempo. Feliz año nuevo.